1) Hemos hecho intervenir a nuestro oído, vista, olfato y ahora haremos intervenir a nuestro principal protagonista el gusto. Todos sabemos, y no hay en este tema contradicciones que la niña bonita a la hora de decidir por la calida del vino, el gusto es el que dará su último veredicto. En este nivel existe muchísima experiencia. Y la mayoría de los profesionales prefieren decidirse por realizar ciertas comparaciones con productos como la ciruela, el cuero, las frutas, etc. Para mi el vino es único e irremplazable. Intentar encontrar entre sus gustos un correlato con ciertos productos es una aberración que no solo se da en la cata de vinos sino que se expande hacia muchísimos sectores del quehacer sobre todo cultural. Es lo que yo llamo la racionalización de los sentidos. Es éste el momento en el cual nosotros deberemos dar rienda suelta a nuestra creatividad, es precisamente esa una de las magias del vino, ser el catalizador del despertar de un potencial interior que todos nosotros tenemos en mayor o menor medida. No copiemos ni intentemos racionalizar lo que sentimos. Es cierto que de alguna manera podemos intentar transmitir todo eso que nuestras papilas gustativas dan cuenta a nuestro cerebro. Pero lo importante es no perder de vista que estamos frente a una interfase, una traducción, una modelización, un intento de transmitir un sentir, una experimentación en algo racionalizado. La verbalización ya de por si modifica la experiencia y la orienta hacia otros sitios. Sea el dueño y señor de su propia experiencia, no la contamine con explicaciones, indicaciones de supuestos entendidos. La mejor sabiduría esta inscripta en nuestro propio ser. Permítase que el vino sea el vehiculo que la libere, de otra forma le estará restando poder a tu ser. No es igual el primer sorbo que el último, existe un proceso de transformación en el vino por un lado y dentro de nosotros mismos por el otro. Así como nosotros nos transformamos día a día, minuto a minuto, el vino en contacto con el oxigeno también tiene su proceso de transformación. Pero hay una transformación mucho mas profunda la que se desarrolla de la propia experiencia que uno va adquiriendo. La primera sorpresa se va transformando en conocimiento para con el tiempo en sabiduría. No nos dejemos engañar por quienes pretenden conocer mas que el conocimiento esencial que posee la propia naturaleza que vive dentro nuestro.
domingo, 6 de abril de 2008
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